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ENTREVISTA

Entrevista con ABC

Entrevista con Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, realizada por María Jesús Pérez el 9 de junio de 2020 y publicada el 14 de junio

14 de junio de 2020

El martes los líderes económicos europeos se reunieron para debatir sobre el plan de recuperación de la UE para afrontar un escenario postCovid-19 con garantías. ¿Por qué no hubo acuerdo?

De momento no ha habido consenso y hay algunos países que se muestran reticentes a firmar un acuerdo, pero confiamos en que a finales de julio sean capaces de conseguirlo. Para garantizar que la recuperación llega a todos los países es fundamental que exista una respuesta fuerte en el ámbito europeo.

En cualquier caso, los efectos de la crisis del coronavirus sobre la economía mundial están haciendo estragos. En Europa, por ejemplo, el BCE contaba con que la economía creciese este año un 0,8% y la semana pasada, su presidenta, Christine Lagarde, reconocía que perderá un 8,7% en 2020, lo que supone una corrección de sus previsiones de casi el 10% a la baja y una “contracción sin precedentes” en la economía del euro. ¿Todo es susceptible de ir a peor o bastará con los planes de ayuda aprobados por el Eurogrupo y por el BCE para remontar?

En estos momentos hay una incertidumbre enorme en relación con las proyecciones económicas. La caída del PIB en Europa ha sido de un 3,6% en el primer trimestre. Nuestra proyección para el segundo trimestre es una caída del 13% y prevemos que a partir del tercer trimestre la economía se empiece a recuperar, con lo que estaríamos en una caída final del 8,7%. No obstante, el nivel de incertidumbre es de tal magnitud que trabajamos sobre tres escenarios posibles, que van desde el más suave o benigno, muy poco probable, con una ligera caída por debajo del 6%, hasta el más negativo en el que prevemos una caída por debajo del 12%. Los datos finales vendrán determinados por la evolución de la economía una vez que se hayan levantado la mayoría de las restricciones que hemos vivido como consecuencia de la necesidad de decretar un confinamiento. Lo peor de la situación se alcanzó aproximadamente a mediados de abril.

¿Descarta que el programa de compras de emergencia pandémica del BCE se incremente después del verano, o es posible otra nueva inyección?

Acabamos de incrementar el programa especial contra la pandemia (PEPP, por sus siglas en inglés). Empezamos con 750.000 millones en marzo, y el pasado jueves día 4, lo aumentamos en 600.000 millones hasta los 1,35 billones, con compras que se ejecutarán hasta, al menos, la primera mitad de 2021. Es un volumen de compras enorme y se añade al programa ordinario de compra de deuda que ya teníamos, con 20.000 millones mensuales, y al que en marzo también habíamos añadido otros 120.000 millones más. Con todo, estaríamos en compras de 1,7 billones de euros, un volumen muy muy elevado. Y en función de las condiciones económicas y de nuestras previsiones de inflación siempre estamos abiertos a recalibrar el programa.

¿Hacen un seguimiento de si se utiliza este capital correctamente?

Nuestras compras no son condicionadas. Para decidir la pertinencia y proporcionalidad del programa el BCE tiene en cuenta las expectativas de inflación, que ahora son más reducidas que antes de la pandemia; y en segundo lugar, las condiciones financieras. Intentamos evitar que estas se endurezcan porque ello tendría un impacto muy negativo sobre el crédito y los bonos soberanos y podría llevar a una fragmentación de la zona euro. Las compras de activos se distribuyen luego de acuerdo con la clave de capital, que se calcula en función del PIB y población de cada país. Y en este programa especial contra la pandemia tenemos además mayor flexibilidad en su aplicación.

En general, los Estados gastan, para pagar sus gastos se endeudan y para que el coste de la deuda no penalice en exceso a sus presupuestos, se la compra el BCE. ¿Y luego? ¿No cree que viviremos en un mundo inundado de liquidez, con mucho gasto social, poca inversión productiva y mucho paro?

El BCE fija su atención en su objetivo de inflación y en que no haya un endurecimiento de las condiciones financieras porque sería muy negativo y debemos evitar que se produzca una fragmentación de los mercados de deuda. Lanzamos aquellas medidas necesarias para hacer frente a la pandemia. La calidad de las finanzas públicas es responsabilidad de los gobiernos y la Comisión Europea, que en estas circunstancias no exigirá la aplicación del pacto de estabilidad y crecimiento. Nosotros en el BCE, repito, actuamos guiados por nuestro objetivo de inflación, de por debajo pero cercano al 2%. La previsión actualmente está en el 1,3% en 2022, así que aún estamos lejos del objetivo y nuestros estímulos son necesarios.

Finalmente, parece que llegará la ayuda para los países del Sur, a pesar de las reticencias de los del Norte. En su opinión ¿cree que será a cambio de condiciones? ¿Las ayudas a España estarán libres de toda condicionalidad?

Es muy importante que se apruebe este plan de recuperación de la economía post-COVID-19 de la Comisión Europea, y no solo por el volumen de dinero, sino también por la señal de unidad de acción que se lanza. La política monetaria no puede ser la única política europea que actúa para luchar contra los efectos de la pandemia sobre las economías europeas. Con un acuerdo se envía una señal de que hay voluntad política para hacerlo entre todos los países. El plan propuesto estará ligado al semestre europeo, que coordina las políticas económicas y presupuestarias dentro de la UE. En un primer momento la Comisión ha dado carta blanca para que la política fiscal actúe en el corto plazo, pero a medio plazo velará por que las finanzas públicas vuelvan a una senda sostenible.

Las previsiones del Banco de España sobre la economía española y su recuperación volvieron a ser un mazazo. Advirtió anteriormente de que prolongar el confinamiento alargaría la recesión y el paro, y nadie le hizo caso. Ayer empeoró más sus previsiones de PIB y de paro ante la falta de medidas efectivas del Gobierno. Usted dijo que si se hacen las cosas correctamente, rebotaremos y volveremos a los niveles de actividad anteriores a la crisis, ¿ha cambiado de opinión después de las previsiones del Banco de España?

En el BCE estamos en comunicación continua con los bancos centrales nacionales y las predicciones del Banco de España están en línea con lo que nosotros hemos publicado para el conjunto de la zona euro. Existen evidencias de que a medida que se van reabriendo las economías y se van eliminando restricciones a la movilidad, confinamiento, etc. la actividad económica repunta. La clave es saber con cuánta celeridad los países podrán recuperar lo perdido durante estos cuatro meses, de marzo a junio. Y para que esa recuperación ocurra cuanto antes es vital que cada país consiga que sobreviva la mayoría del tejido empresarial que operaba antes de la crisis.

¿Y eso cómo se consigue?

Se consigue por ejemplo con medidas de apoyo a la liquidez, como los programas de garantías públicas (por ejemplo el ICO en España), e intentando minimizar los costes que soportan las empresas durante un periodo en el que prácticamente no tienen facturación. Y con esquemas de desempleo temporal, como los ERTE en el caso español. El golpe recibido ha sido tremendo. El Banco de España prevé una caída de la economía española en el segundo trimestre de entre un 15 y un 20%. El BCE prevé una caída del 13% para el conjunto de la zona euro. La cuestión principal es cómo rebotar con la mayor intensidad y que los países rellenen pronto el hueco de renta, desempleo y caída económica que la pandemia ha provocado. Y para eso es imprescindible que sobreviva el mayor número de empresas posible; que aquellas que eran solventes antes de la pandemia lo sigan siendo después, porque son las que han de que tirar de la economía.

Y para lograr ese rebote del que habla, ¿lo está haciendo correctamente España? ¿Son las medidas tomadas las que necesitábamos y las correctas? ¿Qué falta por hacer?

No voy a entrar en valoraciones de países concretos. De manera general, en todos los países es recomendable que existan avales, ayudas como las moratorias de impuestos, retraso de cargas sociales durante estos meses, esquemas temporales de empleo como los ERTE, etc. Todas estas medidas llevarán a un incremento muy importante del déficit público y habrá que poner en marcha un plan de política fiscal que pueda hacer frente a esos gastos. Después de todo el esfuerzo presupuestario necesario ahora, una vez que haya pasado la pandemia los países tendrán una herencia lógica de la que no se van a poder librar, que es un incremento del ratio de deuda pública/PIB muy importante. De media para el conjunto de la zona euro puede haber un salto del ratio de deuda/PIB entre 15 y 20 puntos. Esta situación deriva de una política fiscal expansiva necesaria para afrontar la pandemia y se tendrá que reconducir en el futuro para que el déficit público vuelva a una senda que se considere sostenible a medio plazo.

¿Entiendo que recortando gasto público y subiendo impuestos?

Dependerá de cada país, pero todos los países de la zona euro tendrán que enfrentar esa nueva situación económica tras una fuerte política de gasto público y una caída muy importante en la recaudación, lo que derivará en un agujero mayor en el déficit público que tendrá que cubrirse con deuda pública. Gracias a las compras de deuda del BCE se está evitando una fragmentación en los mercados de deuda y un endurecimiento de las condiciones financieras. Esto está ayudando enormemente a todos los países para evitar que a la crisis sanitaria y económica se le añada una crisis de deuda.

Una vez que se recuperen las tasas de crecimiento, los países tendrán que reconducir la situación reduciendo ese gasto extraordinario y recuperando la recaudación. Será una labor individual de los diferentes países, pero será importantísima y requerirá, como dijo el gobernador del Banco de España, un plan de reconducción del déficit público que durará varios años.

Usted era partidario de una renta mínima, pero temporal y ligada a la duración y efectos de la pandemia, ¿qué opina de la que se ha aprobado finalmente en España?

Personalmente yo estoy a favor de una renta mínima de emergencia temporal para los colectivos más afectados por la crisis. En España se ha hecho de forma estructural. Es una decisión legítima de política social que yo como vicepresidente del BCE no entro a valorar. De manera general, es importante que este tipo de ayudas no desincentiven la búsqueda de empleo y que su financiación sea sostenible a medio plazo. Y, en cualquier caso, sin duda la mejor política social para luchar contra la pobreza y para salir de la crisis es la creación de empleo.

En su opinión, ¿qué han hecho mejor otros países europeos que España para gestionar la crisis?

Cuando miras los planes de actuación de cada país miembro todos son muy parecidos en sus fundamentos básicos y existen tres líneas básicas de actuación. Primero, las garantías públicas para que los bancos concedan créditos. Segundo, moratorias de los pagos de impuestos, de cotizaciones sociales, etc. Y, por último, esquemas de empleo temporal, como los ERTE.

Pero la capacidad fiscal de los países no es idéntica. Los que tenían menor deuda y déficit han podido hacer programas más ambiciosos. Y es precisamente esta la razón por la que una respuesta paneuropea es imprescindible, ya que hay que evitar que haya países que se quedan atrás en la recuperación porque tenían menor margen fiscal para responder a la crisis sanitaria y a la crisis económica derivada de esta.

En su opinión, en Europa, la política económica debe centrarse en salvar el máximo tejido empresarial posible. El Gobierno español ha apostado por focalizar las ayudas más bien en la parte de los trabajadores, tirando de moratorias, ERTE y subsidios pero que en muchos casos no llegan o están tardando mucho en llegar, ¿qué le parece?

Los ERTE también ayudan a las empresas. Son un instrumento que se reformó en 2012, y que está siendo extremadamente útil. El Estado paga una parte del sueldo y parte de las cotizaciones sociales, lo que ayuda a las empresas, y evita que, ante la caída de la actividad, estas tengan que despedir.

¿Ve positivo que se puedan ampliar hasta diciembre en sectores específicos?

Esa decisión le corresponde a sindicatos, patronal y Gobierno. El ERTE tiene la gran ventaja de que limita los costes de las empresas pero también tiene un coste presupuestario, así que es una decisión que debe tomar el Gobierno con los agentes sociales.

¿Preocupa en Europa que en España haya un Gobierno en el que confluyan ideas tan diferentes y que haya tanta improvisación y prisa por poner en marcha medidas que quizás no casan con el proyecto europeo?

No voy a entrar a valorar el Gobierno de ningún país. Los países tendrán que remitir a la Comisión Europea sus proyectos y planes de actuación con reformas, inversiones etc. y será la Comisión quien tendrá que valorarlo, no yo.

También se ha puesto en cuestión por algunos expertos, opinadores o incluso políticos de diferente posición ideológica que la que confluye en el seno del Ejecutivo que no está del todo bien resuelto por Europa el tema de las nacionalizaciones. Se aprobó que en algunos casos el Estado pudiera entrar en el accionariado de aquellas empresas en situación de inviabilidad por el efecto de la crisis del Covid.

Como consecuencia de la pandemia, la Comisión dejó de aplicar la normativa de ayudas de Estado. Pero hay países con más capacidad de inyectar dinero que otros y hay que evitar una fragmentación del mercado interior. Por eso sería muy importante volver a recuperar los principios básicos en la concesión de ayudas. Estamos viviendo una situación extraordinaria pero no puede ser que se convierta en estructural. A medida que se vaya pasando a la normalidad, las ayudas de Estado tienen que volver a estar regidas por los principios de libre competencia y mantenimiento del mercado interior. Es importante que las reglas comunes se restauren cuanto antes, y confío en que así será.

¿Qué opina sobre la crispación política que últimamente se está viendo en el Congreso español? ¿No debería haber más unión y consenso para salir de la que es la situación económica más grave en este país desde la Guerra Civil?

Esta recesión es incluso peor que la sufrida entre 2009 y 2013. Es la peor de la historia desde la Guerra Civil. Afectará a las cuentas públicas, habrá caída de rentas, empobrecimiento… El país va a necesitar una actuación en muchísimos ámbitos económicos y sociales que va a exigir un consenso muy elevado. En ese contexto, es sin duda mejor tener una actuación coordinada entre el Gobierno y los principales partidos de la oposición. El plan de recuperación será muy complejo y tendrá que abordar muchísimas variables y, evidentemente, conseguir un consenso sería vital. Eso exige ausencia de dogmatismos, mucha transparencia, mucha lealtad, y la voluntad por parte de los diferentes agentes políticos de llegar a ese acuerdo. Sin duda, para el futuro de la economía española será vital que haya consenso respecto al plan de recuperación.

La Autoridad Bancaria Europea ha afirmado que la banca española afronta la crisis del COVID-19 con el capital más bajo de Europa, si bien dijo que están entre las que tienen un menor apalancamiento. ¿Cómo saldrán de la crisis los bancos? ¿Y en concreto los españoles? ¿Estaban preparados para afrontar una crisis como esta?

La banca europea tiene más capital y es mucho más resistente de lo que era hace diez años, y por tanto está mucho mejor posicionada para hacer frente a la crisis. Su principal problema es la baja rentabilidad. Esta ya era baja antes de la crisis, y ahora se ha reducido aún más, lo que se ha reflejado en las valoraciones en Bolsa de los bancos. En estos momentos los bancos cotizan con descuentos sobre su valor en libros de media del 70%, en algunos casos incluso más, del 80 y 90%. La crisis va a poner más presión sobre la rentabilidad y, por lo tanto, lo que era necesario antes de la crisis va a ser más necesario ahora. Eso incluye la necesidad de reducir el ratio de costes/ingresos o poner en marcha procesos de consolidación o de reestructuración. También hay que tener en cuenta que la solvencia de un banco no solamente se mide por el ratio de capital, sino que existen otras variables como el nivel de provisiones o la eficiencia del sistema. En los últimos diez años, la banca española ha llevado a cabo un proceso de saneamiento y consolidación muy intenso y eso hace que en estos momentos no genere dudas.

¿Retomaremos las fusiones? ¿Cuantos bancos debería tener España para dejar el sistema totalmente saneado? ¿Tres grandes que absorban al resto?

El BCE no diseña el mercado. La rentabilidad era baja antes de la crisis y se verá más afectada por ella. Aumentarán las provisiones, habrá incremento de la mora, más créditos dudosos, y esto afectará a la cuenta de resultados y reducirá la rentabilidad más. Ante esas circunstancias la banca tendrá que reaccionar. El BCE cree que la consolidación puede ayudar a reducir los costes y aumentar la eficiencia de algunos bancos, pero el supervisor no diseña las operaciones concretas. El Mecanismo Único de Supervisión ha tomado medidas como pedir la suspensión del pago de dividendos para que la banca utilice esos recursos para mantener el volumen de crédito y no agravar la recesión.

Sobre la cancelación de dividendos, ¿“recomendarán" que se suspendan más allá de octubre, ¿qué medidas tomarán contra los bancos que lo incumplan?

Eso lo tiene que decidir el Consejo de Supervisión del BCE. De momento la recomendación pide que no se paguen dividendos hasta al menos octubre y antes de esa fecha se tomará una decisión sobre la posible extensión. El objetivo es que se utilicen esos recursos que se iban a distribuir como dividendos para conceder créditos que ayuden a la recuperación y también para que los bancos puedan mantener su solvencia. Es una recomendación, y como tal no tiene carácter obligatorio, pero como cualquier otra recomendación del supervisor, todos los bancos las tienen muy en cuenta.

¿Creará finalmente el BCE un banco malo?

El banco malo se ha creado en algunos países. En España es la Sareb, que ha sido un instrumento muy eficiente para sanear el sector. Pero el BCE no ha tomado ninguna decisión ni ha entrado en detalle en la posibilidad de crear un banco malo a nivel europeo. Es prematuro tener esa discusión ahora.

La apertura de fronteras, y que haya movimientos del turismo de cara al verano, ¿qué opinión le merece?

Hay que buscar el equilibrio entre la salud y la economía. Para países como España, donde el turismo juega un papel muy importante, el que se abran fronteras ayuda a salir de la crisis y avanzar en la recuperación. Son pasos decisivos para que la economía rebote con la mayor intensidad posible y que se pueda compensar parte de la caída de estos cuatro meses. Por tanto, es importante, pero siempre hay que tener en cuenta la salud y vigilar que la epidemia se mantiene bajo control.

Para reabrir y reactivar la economía, ¿muy buena idea no es que se hable ahora de derogar la reforma laboral?

La reforma laboral ha jugado un papel importantísimo en la creación de empleo en España desde 2012. Y, por ejemplo, los ERTE son una buena prueba de cómo los instrumentos que se mejoraron en esa reforma laboral están ayudando de forma notable ahora. Para hacer frente a la gran crisis provocada por la pandemia mundial es muy importante generar certidumbre y ser predecible.

Visto lo visto, y vivido lo vivido, ¿cuantas veces al día se alegra de haber dejado el Gobierno cuando lo hizo?

Hace casi dos años y medio ya de ello. Tomé la decisión de dejar el ministerio porque el BCE es un sitio magnífico para trabajar. Fui ministro seis años y medio, con una situación económica que no fue nada sencilla. Pero se aprobaron muchas reformas en el ámbito económico y financiero que sentaron las bases para la recuperación. Desde un punto de vista profesional, fue una etapa magnífica a pesar de las dificultades y, personalmente, también estoy satisfecho. Y ahora en el BCE estoy encantado.

Una última pregunta. La salida de Mario Centeno del Gobierno del país vecino, Portugal, abre la puerta a su sucesión al frente del Eurogrupo, y entre los candidatos parece que está la vicepresidenta española, ¿cómo ve su posible candidatura? España volvería a tener varios representantes en instituciones financieras de mucha relevancia.

Desconozco quién se va a presentar pero, de modo general, siempre apoyaré que haya españoles en puestos relevantes en las instituciones internacionales, porque pone de manifiesto que el país tiene capacidad de influencia.

España ya sufrió en la pasada crisis un “rescate”, aunque no fue país, sino al sector financiero. Usted lo vivió en primera persona, ¿cree que España será rescatada finalmente? Algunos economistas lo ven claro, aunque dicen que lo llamarán de otra manera...

España pidió un rescate bancario en 2012 de hasta 100.000 millones del que se usaron 40.000. Ese préstamo del Mecanismo Europeo de Estabilidad fue fundamental para el saneamiento del sistema financiero, que, a la postre, permitió que la economía creciera. Es al Gobierno al que le corresponde evaluar la situación y decidir si debe tomar esa decisión.

Siguiendo con España, durante los años de vacas gordas no se redujo el nivel de deuda y ahora el país afronta la crisis en una mala posición de partida. ¿No será un lastre para las generaciones futuras y un hándicap para remontar y salir de nuevo creando empleo si no ponemos remedio?

La crisis provocada por la emergencia sanitaria exige que los Gobiernos en toda la zona euro hagan un esfuerzo fiscal, lo que se traducirá en mayores niveles de déficit y deuda. Con nuestra actuación mediante compra de activos, el BCE está evitando que exista fragmentación y permitiendo que los gobiernos puedan financiarse en el mercado. Es además fundamental que exista una respuesta paneuropea para garantizar que todos los países pueden unirse a la senda de la recuperación económica. Una vez que esta se alcance, los países deberán adoptar medidas que permitan que las finanzas públicas sean sostenibles en el medio plazo.

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