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Frank Elderson
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  • EL BLOG DEL BCE

La dependencia de Europa de los combustibles fósiles pone en riesgo la estabilidad de precios

7 de abril de 2026

Por Frank Elderson, miembro del Comité Ejecutivo del BCE y vicepresidente del Consejo de Supervisión del BCE

La dependencia energética de Europa complica cada vez más la tarea de mantener la estabilidad de precios. Lograr los objetivos de energía limpia del continente debilitaría el vínculo entre unos mercados mundiales volátiles y los precios internos. Y lo que es más importante, los instrumentos necesarios para llevar a cabo esta transición están ya a nuestro alcance.

La dependencia energética de Europa se ha convertido en una de las vulnerabilidades más importantes de nuestra economía. Las recientes perturbaciones de los precios de la energía han conducido fuera de Europa una cantidad considerable de recursos, han dado lugar a intervenciones de emergencia y han tensado las finanzas públicas. Estos costes son reales, recurrentes y en su mayoría inútiles.

La política energética es competencia de los Gobiernos, como debe ser. Pero la dependencia energética de Europa también tiene profundas implicaciones para el BCE. Nuestro mandato principal es la estabilidad de precios. Sin embargo, las repetidas perturbaciones de los precios de la energía hacen cada vez más difícil cumplir este objetivo.

¿Por qué es una preocupación para los bancos centrales?

Europa sigue siendo una de las economías avanzadas que más depende de los combustibles fósiles importados. Esta vulnerabilidad quedó claramente al descubierto tras la invasión injustificada de Ucrania por Rusia, cuando los precios de la energía se dispararon, lo que elevó la inflación de la zona del euro hasta el 10,6 % en octubre de 2022 y dio lugar a lo que algunos acertadamente denominaron «fósilflación».

Las recientes tensiones geopolíticas han puesto de manifiesto lo poco que ha cambiado esta situación de dependencia, y el conflicto en Oriente Próximo ha desencadenado una nueva escalada de los costes energéticos en Europa. Las proyecciones macroeconómicas de los expertos del BCE de marzo de 2026 describen cómo esta perturbación externa podría aumentar la inflación y frenar el crecimiento.

Se trata de un escenario complejo difícil de gestionar. El endurecimiento de la política monetaria para contener la inflación puede agudizar una desaceleración económica, mientras que su relajación para apoyar el crecimiento puede hacer que la inflación se enquiste.

En teoría, los bancos centrales pueden hacer abstracción de las perturbaciones temporales de oferta, siempre que no se traduzcan en presiones más generales y persistentes sobre los precios, que las expectativas de inflación se mantengan ancladas y que no produzcan espirales de precios y salarios. Pero las perturbaciones energéticas repetidas y persistentes ponen a prueba todas estas condiciones, como destacó la presidenta del BCE, Christine Lagarde, en un reciente discurso.

Transición ahora, o paga más después

Europa no puede eliminar el riesgo geopolítico, pero puede reducir significativamente su exposición a él. La manera más eficaz de lograrlo es reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles importados y acelerando un cambio ordenado hacia energías limpias autóctonas. Si Europa cumpliera sus objetivos en materia de energía sostenible, el vínculo entre los precios internos de la energía y la volatilidad de los mercados energéticos mundiales se debilitaría sustancialmente.

La transición de España hacia las energías renovables demuestra los beneficios de la inversión en energías limpias. Según estimaciones del Banco de España, los precios mayoristas de la electricidad a principios de 2024 eran aproximadamente un 40 % inferiores a lo que habrían sido si la generación eólica y solar se hubiera mantenido en los niveles de 2019.

Una aplicación más amplia de estas estrategias implicaría menos perturbaciones para los hogares, las empresas, las finanzas públicas y los mercados financieros y, en consecuencia, una mayor estabilidad macroeconómica y de precios.

Algunos argumentan que una transición de este tipo es prohibitivamente costoso: de acuerdo con la Comisión Europea, se necesitarían inversiones de aproximadamente 660 miles de millones de euros al año entre 2026 y 2030. Sin embargo, centrarse únicamente en estos costes es profundamente engañoso.

La inversión en energías limpias y sostenibles sustituye al considerable gasto en combustibles fósiles. Actualmente, Europa gasta casi 400 miles de millones de euros al año en importar combustibles fósiles. En cambio, el coste marginal de producir energía renovable autóctona‑ es estructuralmente menor. Una vez construida la infraestructura, la energía en sí es prácticamente gratuita.

Por ello, la adopción de energía producida internamente, limpia y sostenible aporta mucho más que simples beneficios climáticos. Refuerza la estabilidad macroeconómica, reduce los costes a largo plazo, apoya el crecimiento económico, aporta beneficios para la salud y refuerza la autonomía estratégica de Europa, como señaló recientemente la presidenta Lagarde en otro discurso.

Un reciente análisis del Comité sobre Cambio Climático del Reino Unido muestra que, por cada libra que se invierte en energía sostenible, los beneficios compensan los costes en una proporción de 2,2 a 4,1. Por lo que no debe sorprendernos que recientes informes, como «The future of European competitiveness» de Mario Draghi, señalen la descarbonización como un pilar fundamental para la estrategia económica de Europa a largo plazo.

La elección es clara, aunque no sencilla

Afortunadamente, tenemos a nuestro alcance los instrumentos necesarios para llevar a cabo esta transición, que requiere grandes inversiones iniciales, unos mercados de capitales profundos y eficientes, y un entorno político predecible. Los avances en la unión de ahorros e inversiones serán esenciales para movilizar el volumen de capital necesario.

La seguridad sobre las políticas, junto con unos incentivos adecuados, son esenciales para asegurar que se prioricen las perspectivas a largo plazo frente a los beneficios a corto plazo, y que los objetivos públicos y privados se refuercen mutuamente, en lugar de perjudicarse entre sí. El primer paso es cumplir los objetivos de descarbonización actuales y preservar el régimen de comercio de derechos de emisión como instrumento creíble y basado en el mercado para la tarificación del carbono.

Nada de esto es fácil. Pero la verdadera pregunta ya no es si Europa puede permitirse llevar a cabo la transición energética, sino si puede permitirse no llevarla a cabo. Desde la perspectiva de los bancos centrales, la respuesta es clara.

Esta entrada de nuestro blog se publicó como artículo de opinión en Financial Times el 7 de abril de 2026.

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