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  • EL BLOG DEL BCE

La evolución de la inflación durante una pandemia

Por Philip R. Lane, miembro del Comité Ejecutivo del BCE

1 de abril de 2021

La pandemia es, en primer lugar, una tragedia humana: millones de personas han perdido la vida en todo el mundo y muchas más sufren problemas de salud. Pero también ha sido una perturbación económica de primer orden, con grandes oscilaciones de la actividad causadas por las fluctuaciones en la propagación del virus y por las medidas de distanciamiento social adoptadas para contenerlo. Por ejemplo, el PIB de la zona del euro cayó un 11,6 % en el segundo trimestre del 2020, creció un 12,5 % en el tercero y volvió a contraerse un 0,7 % en el cuarto.

Por tanto, no debería sorprendernos la enorme volatilidad mostrada por la inflación durante el período de la pandemia. Durante 2020, observamos un importante descenso de la tasa de inflación, que se adentró en terreno negativo en los últimos meses del año, y ahora estamos viendo una evolución inversa en los primeros meses de 2021. Haciendo abstracción de estas variaciones a corto plazo, se proyecta que la inflación en los años 2020 y 2021 de la pandemia se sitúe en un promedio de en torno al 1,0 %, nivel muy próximo al de 2019.

La volatilidad de la inflación en 2020 y 2021 puede atribuirse a un conjunto de factores temporales que no deberían afectar a su evolución a medio plazo. En primer lugar, la pandemia ha estado asociada a un ciclo significativo de los precios del petróleo, que cayeron desde aproximadamente 70 dólares estadounidenses a principios de 2020 hasta menos de 20 dólares a finales de abril de 2020, y después se recuperaron hasta aproximadamente los niveles de enero de 2020. La introducción en enero de 2021 de un impuesto al carbono aplicable a los combustibles líquidos y al gas en Alemania también contribuyó notablemente al repunte de los precios de la energía.

En segundo lugar, la pandemia dio lugar a una reasignación del gasto de consumo entre distintas categorías: se desplomó el gasto en turismo, viajes y hoteles, mientras que aumentó el gasto en artículos para trabajar, estudiar o hacer ejercicio en el hogar, así como en alimentación. Dado que el índice de precios se ajusta en enero de cada año para tener en cuenta la composición del gasto en el ejercicio anterior, el Índice Armonizado de Precios de Consumo (IAPC) de 2021 da más peso a los sectores que experimentaron un aumento del gasto (y, por tanto, de las presiones sobre los precios) en 2020 en comparación con los sectores que experimentaron una fuerte caída (y, por tanto, menores presiones sobre los precios). Este ajuste de las ponderaciones del índice de precios supuso por sí solo 0,3 puntos porcentuales de la subida del IAPC en enero.

En tercer lugar, algunos Gobiernos aplicaron bajadas temporales del IVA que presionaron la inflación a la baja en 2020, antes de que volviera a aumentar temporalmente en 2021 cuando dejaron de aplicarse.

En cuarto lugar, la volatilidad de la inflación también es atribuible a cambios en la temporada de rebajas. Por ejemplo, las rebajas de ropa y calzado se adelantaron de enero a diciembre en Alemania y se atrasaron en Italia y Francia.

Si se hace abstracción de esta volatilidad a corto plazo, la tasa de inflación proyectada a medio plazo continúa siendo débil en un contexto de persistente atonía de la demanda y considerable holgura en los mercados de trabajo y de productos: las proyecciones de los expertos del BCE indican que la inflación general retrocederá hasta el 1,2 % en 2022 y aumentará solo hasta el 1,4 % en 2023. Esta evolución obedece a una reabsorción gradual de la holgura en los mercados de trabajo y de productos, en línea con la recuperación de la demanda general y la gradual desaparición de los efectos de oferta adversos de carácter temporal relacionados con la pandemia y las medidas de contención.

Nuestra evaluación de la situación general de los mercados de trabajo aún revela una elevada incertidumbre en relación con las perspectivas de empleo. Aunque el aumento del desempleo se ha visto limitado por el amplio apoyo fiscal prestado a las empresas y a los trabajadores, la tasa de paro enmascara una considerable migración directa del desempleo a la inactividad, por un lado, y el salvavidas que proporcionan las importantes medidas de retención del empleo, por otro.

En esta línea, se espera que los salarios se mantengan moderados en 2021, dado que las negociaciones se han aplazado en la mayoría de los casos.

En relación con las presiones sobre la demanda general, cabe esperar cierto impulso del consumo debido a efectos de recuperación, especialmente en sectores como la restauración o los viajes recreativos. Paralelamente, los hogares podrían suavizar su consumo adicional a lo largo del tiempo, y el desconcierto provocado por la pandemia podría animarles a mantener colchones por motivos de precaución, especialmente en los países de la zona del euro más afectados. Asimismo, la distribución asimétrica de este ahorro entre la población afecta a la propensión de las personas a desahorrar después de la pandemia: los hogares de más edad y más ricos han ahorrado mucho más que los de menos edad, pero su propensión al consumo es menor.

En lo que se refiere a la inversión, la confianza y las expectativas de las empresas más allá del corto plazo han mejorado. Sin embargo, la pérdida sostenida de ingresos en los sectores más afectados por las restricciones sociales ha debilitado los balances de las empresas, y la incertidumbre sobre las perspectivas para los distintos sectores de la economía sigue siendo elevada. Entre los factores externos, el plan de rescate estadounidense (American Rescue Plan) del Gobierno del presidente Biden generará efectos positivos para la zona del euro, aunque el impacto en el producto y en la inflación de la zona del euro se ve limitado por unos lazos comerciales relativamente débiles entre la zona del euro y Estados Unidos.

En este contexto, asegurar unas condiciones de financiación favorables es fundamental para el restablecimiento de la inflación. De cara al futuro, también es vital mantener el apoyo fiscal y que la respuesta fiscal de la zona del euro frente a la evolución de la pandemia esté adecuadamente calibrada y siente las bases para una recuperación sólida.

Una vez que las presiones desinflacionistas causadas por la pandemia sean contrarrestadas suficientemente, tendremos que asegurar que la que orientación de la política monetaria ofrezca una convergencia sólida y oportuna hacia nuestro objetivo de inflación. La revisión de nuestra estrategia de política monetaria aportará información actualizada para afrontar este reto.

Esta versión resumida de la entrada del blog se publicó como artículo de opinión el 8 de abril en las siguientes publicaciones: L’Echo (Bélgica), Politis (Chipre), Les Echos (Francia), Handelsblatt (Alemania), Efimerida ton Syntakton (Grecia), MF (Italia) y Expresso (Portugal).